Quién recuerda las sartas de mentiras que en su vida ha contado, los robos que ha cometido alguna vez siendo una persona madura o aún en fase de florecer… convirtiéndose en un hipócrita a veces, en un estúpido ente creyente nada más que de su ego y de sus mentiras y mentiras y más mentiras que detalla paso a paso ¡cuán valiosa e infernal imaginación poseen algunos! Y cuando interviene el amor entre ese ávido pecado a veces uno llega ha bautizarse "El Rompe Corazones".
No recordamos todas las falsedades ya que las hay pequeñas, piadosas y a veces inconscientes, pero también existen las que traspasan la línea separatoria de la mentira y la verdad, es una situación indeible…, para quien no la experimente le comento que ni la empatía lograría conseguir que sientas lo que se siente realmente, esa mentira para la persona se llega ha convertir en el himno de cada día, en un estilo de vida, es el secreto más oculto y hasta Dios sabe que así la mayoría no desearía que fuese. Es el kit que rompe y destroza los corazones. A veces nos martiriza no poder expresar lo que sentimos hasta terminar con nuestras ganas de vivir… Y cuando no existe apoyo y sí desprecios algunos no logran superar el dolor que les ocasiona ver a sus seres queridos decepcionados por haber querido dejar de fingir y dar el gran paso de ser uno mismo…
Esta historia trata un poco de mi vida y de los amores que nunca volverán a vivir en mi corazón pero yo lamentablemente en los suyos sí.
Hace más de seis años, era un chico de trece años, extremadamente infantil pero con un comportamiento hacia las personas que se podría considerar el adecuado, era muy sonriente, nunca intentaba zaherir a nadie, lo cierto es que estaba bastante marginado por los chicos, se entretenían metiéndose con el aspecto que ellos consideraban ridículo, pero ni eso me quitaban las ganas de vivir que tenía en aquel entonces.
Especialmente en el colegio intentaba pasar desapercibido aunque no lo lograse, los “abusones” y su regimiento parecían haber desarrollado un cruel interés por verme sufrir y llorar, cosa que conseguían más tarde pero intentaba que fuera en el cuarto de baño y no delante de ellos. Conseguí literalmente ser el más popular del colegio, pero solo por ser el payaso de todos.
Con el tiempo, acabé acostumbrándome a los abusos continuos, motes y amenazas. No podía hacer nada al fin de cuentas, contárselo a mis padres fue inútil, ¿qué te dirá un padre de la marina? Efectivamente; "Plántales cara muchacho", y eso hacía. ¿Y una madre con problemas mentales que no la dejaban pensar con claridad? Ya era un orgullo verla de vez en cuando sonreír, no deseaba tampoco preocuparla.
Fue un día de verano si mal no recuerdo, cuando conocí la persona que iba ser la que más influiría en mi vida…
Antaño, derramé una esencia que cautivó el corazón de la que es ahora una completa desconocida, aunque por raro que parezca, la muchacha tímida de corazón partido, aún parece estar presente cada segundo… en un plano espiritual.
Físicamente era una persona de caderas anchas, cabello moreno, ojos claros, dientes blancos como la nieve y un brillante corrector de metal… era muy especial, poseía aparente inocencia y eso me sumergía en una tremenda confusión acerca de su juventud, ya que ha esas edades cada año es un salto enorme en lo que ha madurez se refiere, y pareciese que el paso del tiempo no aconteciese para ella. Por otra parte, mi hermana, que fue la que conoció ha esta persona cuando comenzó en el instituto Isabel de Castilla, era la persona más optimista y alegre que he podido tener el gusto de conocer, era maravillosa y realmente bella, y no lo decía yo por ser su hermano pequeño sino por que así era como la gente la describía, en este caso yo era la sombra de semejante estrella. Silvia es su nombre, y Laura la que actualmente a penas conozco…
Unos grandes amigos míos fueron Adán y Javier, estuvieron muy allegados a mí durante mi época juvenil. Sobre todo por que compartíamos nuestro gusto al deporte, y competíamos en un equipo de baloncesto, juntos formábamos el “San Rosendo”, además de forjar aún más nuestros vínculos amistosos al comenzar en el instituto Pablo VI.
aki te dejo mi huella espero q no te olvides de pasar poe el mioo y pess me djes lo tuyo.!