Yo amaba el desierto, los vergeles quemados, las tiendas
marchitas, las bebidas tibias. Me arrastraba por las callejas
hediondas y con los ojos cerrados, me ofrecía al sol, dios de
fuego.
<<General, si queda un viejo cañón sobre tus murallas derruidas,
bombardeamos con bloques de tierra seca. !Bombardea los espejos de
los almacenes espléndidos! !Bombardea los salones! Haz tragar su
polvo a la ciudad. Oxida las gárgolas. Llena los tocadores de
briznas de rubí quemante..>>
!Oh! el moscardón embriagado en el mingitorio de la posada,
enamorada de la borraja y al que disuelve un rayo de luz.